XVI CONVERSACIÓN CLÍNICA DEL ICF

Bajo el título: “La protesta viril es unisex”, tuvo lugar en Barcelona, los días 5 y 6 de marzo, el que es uno de los acontecimientos anuales que reúne a la comunidad analítica en España: la XVI Conversación Clínica del Instituto del Campo Freudiano, con la participación de Jacques-Alain Miller. Todo un trabajo previo se había desarrollado los meses anteriores, bajo el envío de textos que respondían a preguntas o de Flashes que comentaban citas de Freud, Lacan o del mismo Miller.

La Conversación se inició la tarde del sábado, en el Hotel Hilton, con una primera serie de tres casos, que fueron inicialmente lanzados por uno de los dos coordinadores de la mesa.

1. El hombrecito que no lo era más

Miller señala en el primero de los casos presentados que el personaje llave del caso es la madre, de quien la paciente recibe a los diez años una maldición, que permanece como el resumen de su inutilidad.

Un cambio de posición se da entre las dos hermanas en la pubertad. Se trata de un binarismo un poco forzado, que revela el carácter fantasmático de lo ocurrido. En un primer tiempo la paciente era la niña que la madre escuchaba, miraba, lo que se formulaba como ser el hombrecito de la casa. Hasta que su hermana le quita este lugar. Y con eso la paciente queda desfalicizada, llegando hasta ser casi invisible para la madre, lo que era lo contrario del hombrecito.

Miller propone como título para el caso “El hombrecito que no lo era más”, que justificaría el tema de la Conversación “La protesta viril es unisex”. Siendo la protesta el hecho de haber perdido el brillo de hombrecito. Para la paciente su marido y su hijo vienen al mismo lugar de la madre. No le dan lo que merece, respeto, atención.

Ella era el hombrecito de la casa porque propiamente no hubo un hombre de la casa. Ella sigue la huella del abuelo materno, quien la llevaba a excursiones propias de varoncitos. El abuelo aparece como una identificación positiva en la que se apoya la paciente. Esa relación con el abuelo, hombre de verdad, resuena en la palabra hombrecito. Ella es el hombrecito que el abuelo era en grande. Es la otra parte del binomio.

2. Hacer de una asíntota temporal, un elemento de flexibilidad. 

Miller comenzó la Conversación sobre el tercer caso planteando que estamos ante un caso en el que dos diagnósticos posibles son planteados: neurosis obsesiva o psicosis ordinaria. Para seguidamente exponer que en realidad tenemos a un señor en la cuarentena que ha sido un verdadero errante, que vivió en varias ciudades sin adaptarse en ninguna, no encajando en ningún lugar.

El momento en el que acude a análisis es un tiempo de estabilización que le permite pensar en la paternidad, lo cual es “un ancla” para él. La paternidad, es una idea, le sirve de ancla, no da un sentido propio.

Junto con la aparición de los miedos al inicio de esta supuesta paternidad se observa la aparición de un deseo de control exhaustivo, lo que hizo pensar al analista que no se trataba de una neurosis obsesiva. El paciente se hace la pregunta “¿Qué hago aquí?”. La diferencia con la neurosis, señala Miller, está en el acento. Si el sujeto tiene una respuesta puede decir estoy en una conversación clínica…etc. Esta respuesta puede ser compartida por muchos. Pero lo que este sujeto dice es “me estoy reinventando”. No dice lo que hace, sino lo que está en vías de hacer, es decir una transformación de su ser que aun no ha ocurrido. La diferencia con el presidente Schreber es que este sabía en qué dirección iba su transformación. Se iba a transformar en un cuerpo que se ofrecía al goce divino. Es muy justo hacer de esta respuesta: “me estoy reinventando”, una asíntota temporal, un elemento de flexibilidad.

Lo que podemos aprender de este caso es que el síntoma es algo a mirar de cerca. Buscar la perfección no es suficiente para decir se trata de un sujeto obsesivo. Alguien que está en la cuarentena y no ha podido hacer su vida en ninguna ciudad, por razones que terminan siempre en un conflicto laboral. Esto no es el laberinto, es el síntoma que se repite de manera inflexible, que no tiene nada que ver con las construcciones de los obsesivos.

Con el comentario de este caso finalizó el trabajo de la serie de los casos del sábado.

3. Un caso de neurosis obsesiva del que aprender

La mañana de domingo, fresca y soleada, se inició para los reunidos en torno a la Conversación con un caso de neurosis obsesiva del que Miller afirmó se puede aprender.

Lo que caracteriza a la neurosis obsesiva es algo que no hemos encontrado en los otros casos: una acumulación de condiciones de amor sobre el objeto de elección; tan numerosas, cruzadas, bloqueándose unas a otras, que es difícil hacer el mapa de ellas. Un laberinto.

Hay en el seminario XXIII, El sínthome, de Lacan, una frase clínica -no hay muchas frases clínicas en ese seminario-, que dice a propósito de un neurótico obsesivo: “hay que desvincularle de la mirada”. Y este es el caso que permite relacionarlo a la frase de Lacan.

La mirada escrutadora del padre, en sus diversas versiones, aparece en relación a la hombría del hijo. Si este es capaz o no de obtener del Otro sexo una satisfacción de verdadero hombre. Miller dice de verdadero hombre, ya que el paciente da una gran importancia a la verdad. Quiere ser verdadero con las mujeres y así todos sus esfuerzos para que la relación sea honesta, verdadera, terminan con la muerte del amor. Se ve como, para él, el objeto mujer es un peligro para su honestidad. Y cuando se interna en los alrededores del objeto desaparece la lógica. Por ejemplo, si es una mujer que podría convertirse en una pareja aparece la culpa en relación al recuerdo de la madre. Es un laberinto de condiciones contradictorias las unas con las otras. Una mezcla de pasiones y de lógica que le hace merecer el diagnóstico de neurótico obsesivo.

Es un caso edípico desde el comienzo hasta el fin. Una relación claramente de amor con la madre y de hostilidad con el padre, dos pilares de su neurosis que progresivamente se desarman.

Miller planteó que en nuestro ámbito hay una vinculación entre enigma y feminidad. No hay el misterio de la virilidad. En el caso, el paciente tiene la idea de que la virilidad la tiene el padre. Y para él el problema es cómo alcanzar la misma potencia que el padre, quitándole los vicios de hacer daño a las mujeres. Pero no hay ningún misterio propio de la virilidad. Cuando se habla de enigma a propósito de la feminidad es porque no hay una sola respuesta clara al deseo en la feminidad. Hay toda una metonimia del lado femenino que no hay en el lado masculino.

4. Un cuento de las mil y una noches del psicoanálisis

Por una circunstancia familiar el quinto caso se comentó sin la presencia del analista que dirigió la cura.

Al paciente su mujer le pide un hijo, pero no puede dárselo porque no eyacula. Este fenómeno de cuerpo tiene como base la forclusión de su acceso a la paternidad. Quiere evitar que las mujeres le cacen quedando embarazas, para lo cual él tiene el antídoto, la ausencia de eyaculación, que falla cuando se abre la posibilidad de una inseminación artificial

Miller comentó que es un pequeño texto, pero notable, por la elegancia de lo encontrado. El sujeto viene con un tormento, moderado y secundario en los dichos: esa no eyaculación. Y después de un tiempo nada cambia en los hechos ya que continúa con la misma no eyaculación, pero el fenómeno ha cambiado de estatuto. Lo que de inicio era un problema al final es una solución.

Es un milagro, no curar nada, sino el sentimiento mismo de que hay algo que curar y es el resultado mismo, obtenido de manera muy elegante. Parece un cuento de las mil y una noches del psicoanálisis. Me parece –dice Miller- cosa para recordarse.

5. Es tiempo de nacer

Finalmente la Conversación alcanzó el último caso de la segunda serie. La paciente es una mujer que acude acuciada por la angustia en relación a su partenaire. Para ella la angustia que siente es un índice de que ella no lo quiere.

Es una sorpresa el hecho de que esta paciente tenga más de cuarenta años ya que parece manejarse y tener los problemas de una adolescente prolongada.

Ella se queda a la escucha de su angustia, de su propio cuerpo, como si este le sirviera de gran Otro, supusiera que su cuerpo sabe, como si fuera a recibir de él oráculos. Tiene una pregunta sobre la verdad, o no, de sus sentimientos sobre su pareja. No sabe si un sentimiento de amor que tiene es auténtico o si este sentimiento la engaña. Así escucha su cuerpo para ver si su respuesta es verdadera o falsa. Y finalmente no sabe dónde está la verdad y dónde la impostura. Miller planteó que tiene este rasgo histérico de querer una verdad que sabe mentirosa, si bien no se trata de una histeria pura en absoluto. Aunque tampoco es evidente con los datos disponibles afirmar que sea una psicosis. Es, propuso, lo que los americanos llaman una borderline.

En cierto modo tiene razón al pensar que el cuerpo es su Otro. La paciente relata una escena muy temprana que interpreta como la transmisión de la ansiedad y soledad maternas. Y en ella nos describe que hay un solo cuerpo para dos sujetos, que una parte de este cuerpo es materno y que en cierto modo están fusionados, no se han separado. No es solo una adolescente prolongada, sino que no ha nacido del todo.

Se presenta como un sujeto sin independencia. Incompleta, necesita el complemento de la madre o de otro que la puede proteger. Se le podría decir, “a su edad es tiempo de nacer”.

Finalizando tras la discusión de este caso la Conversación clínica que ya anunció su título para el año que viene: ´”Presencia del analista en la cura” que tendrá lugar los días 4 y 5 de marzo de 2017.

Félix Rueda

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